Esta frase popular, tantas veces usada positivamente, en ocasiones encierra en su interior tantas cosas negativas, que si nos diéramos cuenta no deberíamos estar tan contentos de "a costa de qué" nos hacemos "más fuertes".
Normalmente, nos hacemos más fuertes a base de ponernos una coraza de forma que sea más difícil llegar a nosotros, nos ponemos más a la defensiva, aprendemos de eso "palos que nos ha dado la vida", tendemos a seguir el "piensa mal y acertarás"... Y eso pocas veces nos lleva a ser mejores personas, aunque puede que si que nos haga sobrevivir mejor en este mundo, que pocas veces nos rodea de justicia.
Cuando "aprendemos la lección" respecto de alguna injusticia que se ha producido en nuestro entorno o que hemos sufrido en nuestra propia piel, rara vez es una buena lección. Y si la hemos aprendido, quiere decir que hemos aprendido a cómo jugar en ese juego de jugadas que nuestra ética previa a "aprender la lección", no nos habría permitido.
Pero claro, tanto si Rousseau llevaba razón, y el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo corrompe, como si no la llevaba, y era Hobbes el que estaba en lo cierto con su frase (realmente original de Plauto, 200 a.C.) de que el hombre es un lobo para el hombre (homo homini lupus), lo que sí que es verdad es que cada uno de esos "palos" que te hace más fuerte, te hace así mismo perder poco a poco fe en el hombre o en la sociedad o en el sistema, o en todas esas cosas juntas.